Un extremo espera pegado a la raya. El otro lo mira desde el opuesto. No se mueven, aunque la ansiedad les pide acercarse a tomar contacton con la pelota. En algún tramo, puede ser controlado. Poco. Muy difícil. A la larga, la cancha se hace tan grande que es muy complejo de controlar. Empiezan a lastimar. Desde ese paradigma, Bragantino justifica estar a un paso de clasificarse a la final de la CONMEBOL Sudamericana.

Claro que no es sólo una cuestión teórica. Hacen falta excelsos ejecutores para que la cosa funcione. Para eso, está Artur que frota su varita mágica y rompe lo que sea que tenga adelante. Así lo padeció Libertad. En el primer gol, con un firulete y una asistencia de las que dañan. En el segundo, define perfecto el penal. Dos gritos en una semifinal es muchísimo.

Libertad tuvo intenciones. Pero no pudo. Fue muy difícil detectar en qué lugar recibía Bruno Praxedes. El mediapunta de 19 años desacomodaba a la defensa, al mediocampo. Dañaba. Es cierto que el 2-0 no es un resultado imposible, pero sí es muy importante. No será nada fácil la remontada. Pero el paradigma y el trabajo de Bragantino hacen la diferencia.