Braian Romero llegó con una idea fija a Defensa y Justicia: jugar la mayor cantidad de tiempo posible y reencontrarse con los goles. Cuando se sentó a charlar con Hernán Crespo rápidamente entraron en sintonía. Le pidió cambiar de posición, dejar de jugar como extremo para pasar a hacerlo de número nueve. Vaya si el cambio dio rédito para el y para los de Florencio Varela: con 10, Romero finalizó como goleador de la CONMEBOL Sudamericana.

Convirtió en todas las Fases del Halcón en el torneo: le hizo a Sportivo Luqueño en Segunda Fase, a Vasco da Gama en Octavos de Final, a Bahía en Cuartos, Coquimbo en Semifinales y a Lanús en la Final. Pero de cambios está acostumbrado. Cuando comenzó su carrera en Acassuso, en la tercera categoría del fútbol argentino, lo hacía como volante por derecha. Por su velocidad, su juego fue mutando hasta llegar a ser, hoy, el goleador de la Copa.

Allí en Acassuso dio sus primeros pasos. Pero su llegada no fue tan sencilla. Jugaba en San Isidro Juniors, un club de su barrio. Con la edad de cuarta división, quisieron llevarlo a Acassuso. Primero, el club se negó. «No hizo inferiores, está grande», dijeron. Lo llamaron desde la intendencia para decir que debían contratarlo si o si. Así comenzó. A la par de su entrenamiento, trabajaba con su padre por la tarde. La peor noticia la recibió en noviembre de 2012, con 21 años. Un día sintió un dolor en la espalda. Tras una serie de estudios le detectaron artritis rematoidea. Se pasó dos meses sin caminar y le comunicaron que no podría volver a jugar al fútbol. Pero eso no lo frenó. Siguió hasta poder regresar y hoy disfruta de su gran presente.

Llegó a Defensa en 2020, en medio de la pandemia, y rápidamente se acomodó al Grupo. Sus goles no le alcanzaron a Defensa para avanzar en la CONMEBOL Libertadores, pero así llegó a la Sudamericana y todo terminó esta tarde en Córdoba.

Hace sólo unos días eligió el mejor gol que había marcado en la Copa. Fue el que le hizo a Vasco da Gama. Hasta marcó el de un compañero como el que “más gritó”. Sin embargo, con una sonrisa en su rostro se animó a soñar un poco más. “Por ahí lo cambio el fin de semana…”, dijo. Y así fue. El gol de esta Final lo gritó con alma y vida. Una exquisita definición que desató un festejo desaforado para un jugador que tuvo que transitar un camino difícil. Hoy celebra triple: es campeón, goleador de la CONMEBOL Sudamericana y fue elegido como el mejor jugador de la Final.