Es muy difícil convencer a futbolistas con clase de que se queden aislados de la gestación del juego. Pedirles que se peguen a la raya, que de tan estirados armen callejones para que el espacio sea mayor. Mauricio Barbieri logró en Red Bull Bragantino que sus extremos acepten eso. Paciencia para luego brillar.

De un lado, aparece Artur. A piena cambiada. Con su zurda, de derecha hacia el centro, con el arco entre ceja y ceja, pensando en cómo atacar para lastimar a los rivales. Está claro que es la figura de la CONMEBOL Sudamericana. El goleador con 7 tantos. El punto de quiebre de un equipazo, pero que siempre necesita de talentos para abrir los encuentros.

Del otro lado, Tomás Cuello. Emigrado desde Atlético Tucumán hacia Brasil. A pierna cambiada. De derecha, atacando hacia el centro. Afirmándose como un futbolista desequilibrante. Siendo el hombre clave de la vuelta de la semifinal. Con dos golazos. El primero con una clase envidiable.

Es fundamental la gestión de Barbieri para convencerlos de que esperen. De que se guarden el tiempo para explotar la magia. Y ahí sí, meterse en la final de la CONMEBOL Sudamericana.