Una mano se agita en la periferia de la cabeza. Faltan minutos para el final. Más manos se sacuden al costado de las cabezas. Ya ganaron la ida 3-1 y la vuelta marcha 1-0. Más y más manos se sacuden en la circunsferencia de las cabezas. El árbitro pita el final. Peñarol está en la semifinal de la CONMEBOL Sudamericana. Quién puede frenar la emoción.

El Campeón del Siglo. La nomenclatura de un estadio a la altura de las gargantas emocionadas. La final de la CONMEBOL Sudamericana será en el Centenario. No hay competencia de mitos. Es imposible. Pero Peñarol construye su casa. Poco a poco. Con juveniles. Aguantando un proyecto que podría haber titubeado en el comienzo. Con el pecho inflado. Gigante. Por haber eliminado a su archirival en los octavos de final.

Peñarol eliminó a Sporting Cristal. No hubo dudas de quién pasaría desde lo futbolístico. Los de Lima disputaron una buena vuelta, pero los Manyas la tenían atada. Un 3-1, de visitante, era muchísimo. Peñarol lo hizo valer. Muchísimo. Por eso, el aliento de un público muy emocionado. Por la vuelta a las canchas. Porque la semifinal es un paso a la Gran Conquista.