Soñó con jugar de número 9. En esa posición se probó cuando, con 13 años, se presentó a una prueba en Defensa y Justicia. Era del barrio. Nació en Villa Mónica, a sólo cuadras del estadio Norberto Tomaghello, la cancha del Halcón, en Florencio Varela. Pero quienes lo vieron entendieron que, como marcador central, funcionaría mejor. Recordará él aquellos momentos, porque hoy, como número nueve, fue quien abrió el camino de Defensa y Justicia a conquistar la CONMEBOL Sudamericana su primera estrella internacional. Adonis Frías, con sólo 22 años, entró en la historia grande.

“De Varela, con mucha calle y potrero”, lo definen quienes lo conocen. Le costó el comienzo en las divisiones inferiores, hasta que logró hacer el click. “Jugó muy bien en la reserva, de líbero, en línea de 5”, agregan. Así fue creciendo hasta dar el salto a Primera División. Tuvo que irse un tiempo de Defensa y Justicia a Los Andes, pero volvió y de la mano de Crespo comenzó a jugar con regularidad. “Le voy a estar agradecido por siempre, fue quien me hizo jugar”, apuntó el defensor sobre el técnico.

Vaya si Crespo lo utilizó, que Frías participó de casi todos los minutos que Defensa y Justicia jugó en esta Sudamericana. Fue titular en los nueve encuentros y sólo no completó esta Final. Un futbolista con buen juego aéreo, pase en la salida y, sobre todo, un jugador “muy competitivo”.

Se dio el lujo de convertir su primer gol como profesional nada menos que en una Final. Rompió las líneas, salió de la línea de tres en el fondo que plantó el entrenador para llegar solo al medio del área y convertir. Nada pudo hacer Lautaro Morales, el buen arquero que llevó a Lanús hasta esta instancia. Y lo gritó.

Lo gritó con el alma. Corrió y festejó. Sus compañeros se fueron sumando uno a uno. Allí en ese sector del campo de juego estaban los familiares y dirigentes del club de Florencio Varela. Con ellos también. Pero su festejo tuvo un destinatario especial: su madre. “Si después de esta vida, volviera a nacer, una sola cosa le pediría a Dios: que mi madre volviera a ser mi madre”, dice el tatuaje que lleva en su brazo derecho.

Y terminó, desde afuera, esperando el final. Sus compañeros tuvieron que frenarlo en varias oportunidades para que no se meta en el campo de juego. Y terminó, con ellos y con todo Defensa y Justicia, festejando.