No es sencillo comenzar una serie con un gol en contra. Mucho más complejo es si van apenas minutos y Liga de Quito convierte. Es complejo tener una psiquis capaz de sostener una adversidad tan grande. Hay que crear juego. Pensar situaciones de gol. Ir aunque no quede ni aire.

No es sencillo, aunque Paranaense iguale el encuentro, quede 1-1 y le falten dos gritos más para pasar. Y mucho, muchísimo, más duro se transforma el relato si muy rápido Liga se pone 2-1. Ahí sí, hay que marcar tres goles. Casi imposible. Una historia que difícilmente pueda mutar en ser semifinalista de la CONMEBOL Sudamericana.

Pero esto sigue. Porque existe la magia de Christian. Y la vocación goleadora de Bissoli. Increíble. Guillherme Bissoli se hace el héroe de la serie en apenas siete minutos. Porque a los 61 y a los 68 Paranaense marca los dos gritos que le faltan. 4-2. Una locura que se desata en Brasil. Una épica construida con el aliento de un puñado de hinchas en la cancha. Que saben que lo que ocurrió es la demostración de valentía, quizás, más difícil que les haya tocado.

Pero allá va. Pateando el tablero. Logrando lo que nadie esperaba.